Cada 17 de agosto, la Argentina recuerda el fallecimiento del General José de San Martín. Para la Masonería, su figura adquiere una dimensión particular: la de un hombre que llevó a la acción política y militar los ideales de libertad, emancipación y construcción de una sociedad fundada sobre la dignidad humana.
José Francisco de San Martín es reconocido en nuestro país como el Padre de la Patria, mientras que en Perú recibió los títulos de Fundador de la Libertad del Perú, Fundador de la República y Generalísimo de las Armas. En Chile, su Ejército le otorgó el grado de Capitán General. Para la Masonería sudamericana, su figura ocupa además un lugar singular entre aquellos hombres que hicieron de sus convicciones una obra concreta. Por ello ha sido llamado, con justicia simbólica, el Gran Iniciado.
La vinculación de San Martín con la Masonería se remonta a sus años europeos. En Cádiz habría fue iniciado en la Logia Integridad, en 1808, incorporándose posteriormente a la Logia Caballeros Racionales Nº 3, donde alcanzaría el grado de Maestro Masón.
Más allá de las discusiones historiográficas acerca de las denominaciones, filiaciones y estructuras de las sociedades iniciáticas de aquella época, resulta indudable que San Martín estuvo vinculado a círculos de pensamiento y acción que tenían entre sus objetivos la emancipación política de América. Y es precisamente allí donde adquiere particular relevancia la dimensión iniciática de su trayectoria: Lejos de la concepción abstracta, la libertad es una obra que exige voluntad, disciplina y sacrificio.
De Europa al Río de la Plata
Durante su permanencia en Londres, San Martín participó de los ‘círculos americanos’ que preparaban el retorno al continente. Desde allí emprendió, junto con otros patriotas, el viaje hacia el Río de la Plata a bordo de la fragata George Canning. Entre quienes lo acompañaron se encontraban Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola y otros militares y patriotas posteriormente vinculados a la organización de las luchas emancipadoras.
A su llegada a Buenos Aires, San Martín entró en contacto con Julián Álvarez y otros miembros de la sociedad patriótica que impulsaban la causa de la emancipación. En ese contexto surgiría la Logia Lautaro como espacio de organización y acción política que tendría un papel de suma relevancia en el proceso independentista.
En este contexto, La Logia Lautaro no debe ser entendida simplemente como una asociación destinada al desarrollo especulativo de sus miembros. En aquellas circunstancias históricas, la dimensión iniciática y la acción política se encontraron estrechamente vinculadas a un propósito mayor: la emancipación de los pueblos americanos.
La obra en la piedra
En 1814, después de su paso por el Ejército del Norte, San Martín se dirigió a Córdoba y posteriormente asumió el gobierno de Cuyo.
En Mendoza encontró las condiciones necesarias para llevar adelante el proyecto que habría de transformar definitivamente la historia continental: la organización del Ejército de los Andes. Allí fundó una nueva Logia Lautaro y concentró sus esfuerzos en la preparación de una empresa militar que, por sus dimensiones, parecía entonces casi imposible.
Además de reunir soldados y armamento, también era necesario formar un ejército, obtener recursos, organizar talleres, fabricar armas, establecer hospitales, preparar animales, reunir información y, sobre todo, construir una voluntad común.
La obra de San Martín puede contemplarse, desde una perspectiva masónica, como una auténtica obra de construcción.
La piedra no se transforma por sí misma. Requiere herramienta, método, paciencia y voluntad.
Del mismo modo, la libertad de los pueblos no podía limitarse a una declaración, puesto que debía ser construida mediante el esfuerzo de hombres capaces de subordinar sus intereses particulares a una empresa superior.
La Independencia
San Martín mantuvo una estrecha relación con Manuel Belgrano y con otros protagonistas del proceso revolucionario. La necesidad de consolidar la emancipación llevó a insistir en la convocatoria de un Congreso que finalmente se reunió en Tucumán.
- El 9 de julio de 1816, las Provincias Unidas declararon formalmente su independencia.
- Pocas semanas después, San Martín fue designado General en Jefe del Ejército de los Andes.
- El proyecto continental comenzó entonces a tomar forma definitiva.
- El cruce de la Cordillera de los Andes constituye uno de los episodios militares más extraordinarios de la historia americana. En enero de 1817, el ejército inició el cruce por distintos pasos de la cordillera y, pocas semanas después, obtuvo la victoria de Chacabuco, el 12 de febrero.
- La campaña continuaría hacia Chile y posteriormente hacia el Perú.
La dimensión de aquella empresa permite comprender que San Martín no concibió la independencia como un fenómeno exclusivamente argentino. Su horizonte era continental.
El Protector del Perú
En 1821, después de la entrada del Ejército Libertador en Lima, San Martín fue proclamado Protector del Perú.
Durante su gobierno impulsó medidas destinadas a consolidar la independencia y organizó instituciones fundamentales para el nuevo Estado.
En el Perú también dejó una huella masónica. Se le atribuye la fundación de la Logia Paz y Perfecta Unión, vinculada posteriormente a la tradición masónica peruana.
Sin embargo, quizá uno de los episodios más significativos de su trayectoria fue su encuentro con Simón Bolívar en Guayaquil. Ambos hombres habían participado, desde diferentes regiones y estrategias, de la misma gran empresa emancipadora. Después de aquel encuentro, San Martín decidió retirarse de la escena política y militar.
Su decisión revela una característica esencial de su personalidad: no confundió la obra con quien la ejecutaba.
El retiro
San Martín abandonó el Perú y emprendió el camino hacia Europa. Finalmente se radicó en Francia, donde mantuvo contacto con círculos masónicos y participó de reuniones de la Logia de Ivry.
Murió en Boulogne-sur-Mer, el 17 de agosto de 1850.
Había pasado los últimos años de su vida lejos de América, prácticamente apartado de la actividad política.
La memoria del Libertador
En 1855, Domingo Faustino Sarmiento y Santiago Albarracín fueron designados para gestionar la erección de un monumento en su memoria. La estatua fue finalmente inaugurada el 13 de julio de 1862, en una ceremonia en la que participaron destacadas figuras de la vida política y militar argentina.
En 1880, después de las demoras provocadas por la Guerra del Paraguay, los restos de San Martín fueron trasladados a Buenos Aires. La cuestión de su sepultura dio lugar a una particular circunstancia: debido a su condición masónica, las autoridades eclesiásticas objetaron inicialmente que sus restos fueran depositados dentro del espacio consagrado de la Catedral Metropolitana.
Finalmente se acordó la construcción de un mausoleo adosado al templo, pero fuera del cuadrilátero consagrado.
El Gran Iniciado
La Masonería recuerda a San Martín, sobre todo, por la manera en que convirtió sus principios en acción.
En él encontramos una concepción de la libertad que excede ampliamente la ausencia de dominación: la libertad como responsabilidad, como disciplina y como capacidad de actuar sobre la realidad.
Su vida ofrece, en este sentido, una lectura profundamente masónica.
La libertad se conquista y se sostiene.
Y una obra verdaderamente grande no pertenece a quien coloca la última piedra, sino a todos aquellos que contribuyeron a levantarla.
La Respetable Logia Libertad Creadora N° 57 rinde homenaje al Hermano José de San Martín, cuya vida permanece como uno de los testimonios más elevados de la unión entre pensamiento, virtud y acción al servicio de la libertad.
En el Oriente de La Plata, Buenos Aires, Argentina.

