La actualidad de nuestra sociedad y la cotidianeidad de las relaciones interpersonales, nos presentan discusiones que, a menudo, se desarrollan en términos de argumentación comparativa; destacando entre ellas los debates que prescinden de toda razón dialéctica, conduciendo a la relativización y posterior deformación conceptual de términos que acaban por rendirse al rigor de la repetición.
Un caso particular es el del término conservador, utilizado coloquialmente como sinónimo de tradicionalista, y esto en tono peyorativo. Ambos términos se emplean indistintamente para referirse a personas o instituciones que parecieran — no aggiornarse — a los cambios de paradigmas que plantean los tiempos modernos.
El propósito de este artículo es ahondar en los términos propuestos. Para ello es pertinente, en primer lugar, realizar una diferenciación entre Tradición y Costumbre. Si bien es aceptable usarlos como sinónimos en el campo de la aplicación práctica, ambos términos no son sinónimos.

Cuando hablamos de costumbre, nos referimos a los usos, rutinas cotidianas o hábitos individuales, que puede adoptar una comunidad o una región más extensa, como ser el caso de toda una nación. Se trata de aquella conducta o práctica habitual que se ha mantenido a lo largo de los años y que constituye la idiosincrasia de su gente. Cumple además una función diferencial entre grupos étnicos, lo cual suele significar motivo de orgullo e identidad motivando un profundo sentimiento de pertenencia.
Al igual que una costumbre, la tradición también es transmitida de manera generacional, pero un rasgo distintivo de aquella tal como la entendemos aquí, es el poder de trascender el límite político de las naciones, sin importar sus diferencias (…)
Sucede que cuando una generación no mantiene la costumbre, lo cual es susceptible de ocurrir, aflora en sus progenitores el temor al evidenciar que determinados valores pasan a ser tratados con liviandad, o a ser directamente sustituidos. Por lo tanto, es latente el riesgo de la pérdida identitaria de un grupo, y en consecuencia, la pérdida de su memoria en la historia.
Ahora bien, tradición y costumbre difieren en diversos sentidos como ser: en el contenido de “aquello” que sobrevive al paso del tiempo, la forma de transmisión, los antecedentes históricos, elementos socioculturales actuantes, e incluso su periodicidad. Al igual que una costumbre, la tradición también es transmitida de manera generacional, pero un rasgo distintivo de aquella tal como la entendemos aquí es el poder de trascender el límite político de las naciones, sin importar sus diferencias.
Para ilustrar esta idea de trascendencia, podemos evocar una representación clásica del Renacimiento: el fresco (y su posterior grabado) titulado Amor Poeta Et Mnemosyne Musarum Mater (Cupido y las Musas), atribuido originalmente a Rafael Sanzio en la Logia de la Villa Farnesina (Roma, circa 1517-1518). En esta escena mitológica, Mnemósine —la titánide griega de la memoria y madre de las nueve Musas— aparece en el centro, entregando una flecha a Cupido, mientras cuatro de sus hijas (Musas de la música, la danza, la comedia y la poesía amorosa) la rodean en un paisaje sereno.

La Memoria (personificada en Mnemósine) actúa aquí como el puente esencial que conecta el amor inspirador (eros, representado por Cupido) con las artes y el saber humano. Sin memoria, no hay transmisión posible; sin ella, las preguntas eternas se disipan en el olvido. Esta imagen nos recuerda a la llamada filosofía perenne, un saber que se ha transmitido de tiempo en tiempo sin perder fuerza ni vigencia. Esta Sabiduría parte de cuestionamientos fáciles de enunciar pero complejos a la hora de abordar, son entre otras, aquellas preguntas que a todos nos interpelan: “¿De dónde venimos?”, “¿Quiénes somos?” y “¿Hacia dónde vamos?”.
Preguntas eternas que tienen su origen desde que el inicio de la humanidad, y condicionan su existencia a tal punto que innumerables movimientos religiosos, filosóficos y políticos se han gestado pretendiendo arribar a una respuesta. Todos ellos, esparcidos por la faz de la tierra, no constituyen mas que distintas expresiones para una misma inquietud que atraviesa a todos por igual. Es aquí donde podemos observar, pese a las sutiles diferencias, un denominador común que se presenta velado en cada una de las tradiciones particulares, con sus equivalentes tanto en Oriente como Occidente.
“La Orden Masónica, como depositaria de una tradición o filosofía perenne, trasciende a la modernidad de la cual no reniega.”
La manera en que cada civilización o cada tradición en particular materializa esa búsqueda, nos habla de las características propias de una región sometida a todo tipo de factores causantes de esas diferencias. Es así como vemos aquí mezclarse de alguna manera costumbre y tradición siendo una el soporte de la otra.
Hablando en términos de Masonería, desde la primera conformación institucional documentada, la expansión de la Orden ha sido prodigiosa, debiendo usos y costumbres adaptarse a distintos contextos idiomáticos. Pero manteniendo inalterable, la esencia primordial, que no es otra que la búsqueda incansable de la Verdad.
La Masonería, como depositaria de una tradición o filosofía perenne, trasciende a la modernidad de la cual no reniega. Sino que es tomada como prueba viva de la inmortalidad de los principios que nos rigen, invulnerables a todos los acontecimientos. La Masonería mantiene viva la tradición o, en otras palabras, la Masonería será tal siempre que vaya en sintonía de esta Tradición Primordial.
Ayudado por el esclarecimiento de la vía iniciática, el masón trabaja para alcanzar el propósito deseado de todos los hombres libres: “vislumbrar la Luz de la Verdad que cada individuo posee en su interior para alcanzar los estados superiores del Ser”.
Es nuestro deber entonces también como institución, procurar ser parte de esta Tradición Primordial, ser fieles transmisores del legado de quienes nos antecedieron e intentar ser vehículos de una sabiduría que atraviesa generaciones completas por los siglos de los siglos.
En el Oriente de La Plata, Buenos Aires, Argentina
