En mayo de 1810 llegó a Buenos Aires la noticia de la caída de toda España en manos francesas, excepto en Cádiz, donde se había formado un Consejo de Regencia que reemplazaba a la Junta Suprema de Sevilla. Dicha noticia desencadenó el proceso revolucionario conocido como Revolución de Mayo. La dirección del proceso estuvo en manos de un grupo reducido integrado por: Manuel Belgrano, Juan José Paso, Juan José Castelli, Nicolás Rodríguez Peña, Mariano Moreno e Hipólito Vieytes, entre otros.
«Ahora digo que no sólo es tiempo»
Cornelio Saavedra, quien sería el presidente de la Primera Junta, no siempre estuvo convencido de que el momento fuera el indicado. En una carta a Juan José Viamonte, fechada el 27 de junio de 1811, lo reconoció con honestidad:
“Es verdad que Peña, Vieytes y otros querían de antemano hacer la revolución, esto es, desde el 1 de enero de 1809, y que yo me opuse porque no consideraba tiempo oportuno. Es verdad que ellos y otros, incluso Castelli, hablaron de esto antes que yo, pero también lo es que a dar la cara en lo público, aun cuando yo les decía que lo hiciesen, y que yo aseguraba no hacer oposición a nada. En sus tertulias trataban, trazaban planes y disponían; mas personarse para realizar lo mismo que aconsejaban o querían, ¿quién lo hizo? ¿Se acuerda Ud. que mis respuestas fueron siempre: No es tiempo, y lo que se hace fuera de él no sale bien?”
Por otra parte, en sus Memorias Saavedra recordó de esta manera aquellos sucesos:
“Cisneros, el 18 de mayo del año 1810 anunció al público por su proclama, que sólo Cádiz y la isla de León se hallaban libres del yugo de Napoleón. Yo me hallaba ese día en el pueblo de San Isidro; don Juan José Viamonte, sargento mayor que era de mi cuerpo, me escribió diciendo era preciso regresase a la ciudad sin demora, porque había novedades; en consecuencia, así lo ejecuté. Cuando me presenté en su casa, encontré en ella una porción de oficiales y otros paisanos, cuyo saludo fue preguntándome: ‘¿Aún dirá usted que no es tiempo? […] Entonces me pusieron en las manos la proclama de aquel día. Luego que la leí, les dije: ‘Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder una sola hora’.
El 25 de mayo: el pueblo en la plaza
Durante la mañana del 25 de mayo, una multitud creciente se congregó en la Plaza de la Victoria —hoy Plaza de Mayo—, movilizada por los milicianos de Domingo French y Antonio Beruti. El reclamo era claro: la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de una nueva Junta de Gobierno.
La espera se hizo tensa. Mientras las deliberaciones se prolongaban en el interior del Cabildo, la gente comenzó a agitarse bajo la lluvia, exigiendo con una frase que resonaría en los siglos: ¡El pueblo quiere saber de qué se trata!
Finalmente, Saavedra habló a la muchedumbre. El Fuerte lo recibió entre salvas de artillería y toques de campana. Al día siguiente, el 26 de mayo, la Primera Junta emitió su proclama fundacional, dirigida a los habitantes de Buenos Aires y las provincias, anunciando al mundo el nacimiento de una nueva autoridad.
Los ideales que guiaron la Revolución
La Revolución de Mayo no fue solo un hecho político: fue también la expresión de un ideario que venía fraguándose en los círculos ilustrados de la época. No es casual que gran parte de los protagonistas de aquella gesta fueran miembros de logias masónicas.
Desde el presidente Saavedra hasta los secretarios Moreno y Paso, pasando por los vocales Belgrano, Castelli, Alberti y Matheu, casi todos los integrantes de la Primera Junta compartían su pertenencia a la Orden. El único vocal que no formaba parte de ella era Azcuénaga.
Los principios que sostenía la masonería: Libertad, Igualdad y Fraternidad, eran el motor filosófico que impulsó a estos hombres a enfrentar un orden que consideraban injusto. Su convicción era que el ser humano podía alcanzar su plena realización a través de la Ciencia, la Justicia y el Trabajo; y que ningún régimen despótico tenía derecho a negarle esa posibilidad.
Esos mismos ideales que animaron los salones y tertulias de 1810 siguieron presentes a lo largo de toda la historia argentina, encarnados en generaciones de hombres y mujeres que eligieron el camino del Honor cuando la hora lo requería.
La Respetable Logia Libertad Creadora N° 57 de La Plata, conmemora a los pro-hombres que, siendo exponentes del ejercicio del Honor, han dado el paso que la hora requería en pos de la conformación de nuestra actual República Argentina.
En el Oriente de La Plata, Buenos Aires, Argentina.

