En su obra cumbre, el filósofo argentino Alejandro Korn elaboró una ética fundada en la libertad como acto creador del hombre, afirmando que el ser humano no es meramente un producto de la naturaleza, sino su propio artífice.
Hay obras que trascienden el tiempo en que fueron escritas, atravesando su época con una profundidad que la excede. La Libertad Creadora (1922), del Dr. Alejandro Korn, es una de ellas. Publicada en plena efervescencia del pensamiento latinoamericano de entreguerras, constituye la piedra angular de una filosofía original, gestada en suelo argentino, que buscó y logró dialogar de igual a igual con las grandes corrientes europeas del siglo XX.
Alejandro Korn (San Vicente, 1860 – La Plata, 1936) fue médico, psiquiatra, político y, sobre todas las cosas, filósofo. Durante décadas ejerció la psiquiatría en el Hospital de Melchor Romero, y desde la cátedra de la Universidad Nacional de La Plata forjó generaciones de pensadores. Fue también masón y militó activamente en la Reforma Universitaria de 1918, congruente con su convicción de que la libertad no es un concepto abstracto sino una conquista concreta y cotidiana.
«La libertad no es un estado que se posee, sino un acto que se ejerce. El hombre no nace libre: se hace libre.»
El punto de partida: una crítica al positivismo
Para comprender La Libertad Creadora, es preciso situar a Korn en su contexto intelectual. A fines del siglo XIX y principios del XX, el positivismo, y en particular el llamado «cientificismo spenceriano», dominaba el pensamiento filosófico y pedagógico en Argentina. Sus premisas eran claras: el hombre es un ser determinado por leyes naturales y sociales, la ciencia es el único camino válido hacia la verdad, el progreso es inevitable y mecánico. Korn no rechazó la ciencia, pero sí la pretensión de la época de clausurar la totalidad de la experiencia humana. En el positivismo vio una jaula cómoda, pero jaula al fin.
Su diagnóstico fue preciso: el positivismo explica el mundo de los hechos, pero es incapaz de dar cuenta del mundo de los valores. Y el hombre, a diferencia de los demás seres de la naturaleza, habita precisamente en ese segundo mundo: el mundo de la valoración, de la elección, del deber ser.

La libertad como categoría axial
El núcleo de la «filosofía korniana» es la Libertad, desentendida de la ausencia de coacción exterior, lo que sería apenas una libertad negativa, y abordada como poder creador inherente al sujeto. Para Korn, el ser humano no se limita a reaccionar ante los estímulos del mundo, sino que en su dinámica los interpreta, los juzga y actúa sobre ellos desde una perspectiva valorativa que no puede reducirse a ningún determinismo. En esto, la influencia de Kant es evidente, aunque Korn la enriquece con elementos del vitalismo de Bergson y del historicismo de Dilthey.
La Libertad, en Korn, es siempre libertad situada. No existe un sujeto abstracto que legisla desde ningún lugar: existe un hombre concreto, inserto en una historia, en una cultura, en un tiempo. Y es desde esa situación que el acto libre emerge como una ruptura creadora: el hombre no sólo repite el mundo que recibe, sino que lo transforma. Esta capacidad de transformación es lo que Korn llama Libertad Creadora.
«La libertad es creadora porque no reproduce lo dado: lo supera. En eso reside la dignidad del hombre y el fundamento de toda ética genuina.»
Una ética de los valores
Desde esta concepción de la libertad, Korn desarrolló una axiología como teoría de los valores, que es quizás su contribución más duradera. Los valores, para Korn, no son propiedades objetivas del mundo ni meras proyecciones subjetivas del individuo: son el resultado de la relación entre el sujeto valorante y la realidad. Son, en ese sentido, históricos y relativos, pero no arbitrarios: reflejan el esfuerzo de cada época por encontrar una orientación digna de lo humano.
Esta posición lo distancia tanto del relativismo puro como del dogmatismo moral. No hay una tabla de valores eternos y universales, pero tampoco vale todo: hay valores que amplían la libertad y valores que la encadenan. El criterio ético korniano es precisamente este: aquello que expande la capacidad creadora del ser humano merece ser afirmado; aquello que la sofoca, combatido.
La dimensión social y política
Lejos de reducirse a una filosofía individualista, La Libertad Creadora tiene una dimensión social ineludible. Korn comprendió que la libertad personal no puede realizarse en un vacío: exige condiciones materiales, institucionales y culturales. Por eso su filosofía desemboca en lo que el llama «un socialismo humanista», como una exigencia ética derivada de su propia concepción de la libertad. Un hombre sometido a la miseria, a la ignorancia o a la injusticia no puede ejercer libremente su poder creador: su libertad es formal, pero no real.
Esta articulación entre libertad y justicia social lo convirtió en uno de los referentes intelectuales de la Reforma Universitaria de 1918, movimiento que transformó irreversiblemente la educación superior latinoamericana y en el que la Universidad Nacional de La Plata tuvo un papel protagónico.
«Una sociedad que no garantiza las condiciones para el ejercicio de la libertad creadora no puede llamarse libre, sino apenas administrada.»
Korn, La Plata y la Masonería
No es casual que la obra de Alejandro Korn encuentre en este espacio un eco particular. La Respetable Logia Libertad Creadora N° 57 —cuyo nombre mismo evoca la obra del filósofo platense— comparte con su pensamiento la convicción de que la razón y la libertad son horizontes que deben conquistarse con trabajo y virtud.
La filosofía de Korn, como el ideal masónico, parte del reconocimiento de que el hombre es un ser perfectible. Que ninguna cadena, ya sea de la ignorancia, el dogma o la injusticia, es irremediable. Y que la tarea de cada generación es recibir el legado de quienes la precedieron, enriquecerlo con su propio esfuerzo creador, y transmitirlo a quienes vendrán.
En ese sentido, La Libertad Creadora se eleva sobre la mera categoría de título hacia la de programa, ética y compromiso de una Logia viva y propia.
Créditos – Imagen de Portada: Diario EL DÍA.
En el Oriente de La Plata, Buenos Aires, Argentina.
